PAYASO (Poema de Claudio Giglio)
Rié y no llora. Parece burla su mirada aguda Y en frente suyo La cara seria de la gente muda. Oye el silencio Y se asombra el payaso de la aguda Tribuna que no aplaude Ni siquiera a la mujer
Rié y no llora. Parece burla su mirada aguda Y en frente suyo La cara seria de la gente muda. Oye el silencio Y se asombra el payaso de la aguda Tribuna que no aplaude Ni siquiera a la mujer
Los sabios generales de escritorio inventaban batallas con soldados de plomo y dibujos pintados en dibujados mapas en tanto que, en las islas al sol y desoladas, el plomo abría las carnes en heridas sangrantes y el acero, sin penas,
Hierve el café. Será dulce o amargo Comienza a desearse en el aire su aroma Toma el pocillo, hacia la boca y toma Un trago corto y otro trago largo Ya está en su asiento y el trabajo a cargo
Hacen falta motivos para escribir en verso, motivos… cierto tiempo… una mano tan firme como una roca, pero también ligera como un viento meciendo los sembrados, en las tardes soleadas de veranos violentos. Tengo en vos el motivo siempre me
Llena está de los vinos la bodega Dos vasos de cristal sobre la mesa Esperando tu aroma si regresa Y el sonido del paso que no llega Solo ausencia de amor que deja ciega La esperanza .No es mas que
Amo esas casas que se fueron… Las de entrañable olor a pan, a salsas, a grasa derritiéndose, a flores de lavanda dormidas entre sábanas, a alcanfor, a canela y a eucaliptos. Amo esas viejas sillas, en orden en torno de
Cuando mañana desde algún lugar, quién sabe… entre añejadas cartas y alguna foto vieja mis poemas escondidos, encuentres al pasar quién sabe, tal vez frente a un amigo o un hermano… rebuscarás mi rostro sin nombre y olvidado… ¿Por qué
Entró en el templo, un altar de luces le deslumbró los ojos. Dorados querubines coloreados volaban en los techos entre nubes de óleo. Pero Él bajó la vista entre los bronces, los dorados del cáliz, y los mármoles. Una íntima
Insomne en la ventana he ahondado la noche con ojos infinitos comprobado que es cierto que tiritan azules los astros a lo lejos que el viento de la noche gira en el cielo y canta Qué acertados mis ojos y
Entró en el templo, un altar de luces le deslumbró los ojos. Dorados querubines coloreados volaban en los techos entre nubes de óleo. Pero Él bajó la vista entre los bronces, los dorados del cáliz, y los mármoles. Una íntima