Correo de Lectores 3 de septiembre, 2019

RAZONES PARA UN LÍMITE, YA

Escribe: Marcelo Eduardo Vistalli.

No digamos después “NO LA VIMOS VENIR”.
 
Los generadores de bienes y servicios, es decir los hacedores del PBI de un municipio, provincia o nación, ya sean personas o empresas, son quienes llevan a cabo la generación de riqueza de cuyos resultados, el conjunto social podrá vivir de una manera o de otra. 
 
Si lo generado es superior a lo consumido, se puede crecer, ahorrar y tener moneda propia. Solo se trata de trabajo acumulado.
 
Es un principio tan indiscutible como las leyes de la naturaleza, aquellas que no podemos violar ni modificar como por ejemplo entre otras lo son la ley de gravedad o  los fenómenos naturales.
 
Es tan importante tener claro el concepto, porque de no ser así no lo respetamos, ni al hablar de economía, ni al proceder como individuos y sobre todo al decidir temas trascendentes como los destinos posibles del país. 
 
Lo confundimos con la problemática de la economía de bolsillo que no es otra cosa que el resultado  de aquello otro.
 
Tamaña confusión, cuando se hace colectiva, lleva a la masa a un destino también confuso y erróneo.
 
Dice un escritor español, “lo que prevalecen son las masas, no los individuos”. 
 
Podemos agregar, también sucumben cuando se equivocan o no mutan hacia dónde el contexto más apropiado se lo indica.
 
El suicidio colectivo es la fase terminal de todo un proceso de errores y confusiones. 
 
Por comodidad o por ignorancia dejamos que nos construyan el futuro que es ni más ni menos la proyección del hoy. 
 
Desde los años ´80, que se escucha hablar de la parábola de la rana hervida, cada vez se asemeja más a la no reacción ciudadana. Un fenómeno parecido. 
 
Para quienes no la conocen o recuerdan, dice que si arrojamos una rana a un recipiente con agua hirviente, probablemente y gracias a su capacidad de reacción a tiempo, puede que salte y aunque lastimada, se salve. Pero si la ponemos en un recipiente con agua a temperatura ambiente y la calentamos muy lentamente, se va acostumbrando al medio y sin reaccionar, muere.
 
Solo para las comparaciones, los venezolanos saben mucho de esto, donde la muerte no es literal, solo es alcanzar un punto sin retorno!!!
 
Hoy sectores porcentualmente significativos de la sociedad, están en uno de los puntos más álgidos en materia de confusión y por qué no decirlo, desidia.
 
Por qué circunscribirnos a la economía (recordemos que es resultado, no causa), porque parece que este ha sido el argumento no sin razón  que prevaleció en semejante estrabismo a la hora de decidir nuestros destinos en la última compulsa electoral. 
 
Por suerte resulto ser un sondeo y no un hecho consumado como lo será el de octubre si se repitiera el resultado.   
 
Tal es la fragilidad en la materia que ni recordamos donde o como comienza y tampoco como continuara, si podrá ser controlada o se espiralizará.
 
¿Cuánto de lejos o de cerca estamos de no tener ya moneda?
 
Una anécdota de la peor crisis en Alemania, cuenta que un turista llega a un hotel en el que se podía percibir la angustia de los momentos que vivían y pregunta ¿podrían cambiarme 100 dólares? Como un resorte se levanta el conserje y le dice con firmeza, por supuesto…y el turista repregunta, bueno y ¿Cuántos marcos me da? 
 
La respuesta no se hizo esperar: “Todos lo que usted quiera”.
 
Muchas veces se dijo que sufrir catástrofes hace que pueblos y naciones resurjan y alcancen estados de bienestar no imaginados. 
 
También se concluyó que eso en nuestro país no sucederá jamás ya que estamos en el sitio ideal y libre de catástrofes. 
 
Como probablemente esto sea real, entonces las provocamos nosotros violando las leyes naturales de la economía. Gastar más de lo que generamos por décadas.
 
¿Qué hay de nuestro cíclico y recurrente fracaso económico? Tomado de a uno los episodios, seguro son menores o no comparables a las grandes catástrofes, pero si las sumamos, las conectamos, le agregamos el deterioro e involución que dejan a su paso quizá sí resulten comparables (Al peso moneda nacional le llevamos quitados, 13 ceros y vamos por más). 
 
Es como si las nuestras sucedieran en cuotas y no en un solo episodio.  
 
Las dirigencias todas, nos trajeron hasta aquí. Cuáles y quienes bajo nuestro designio pueden revertir la historia.
 
Necesitamos ciudadanos esclarecidos, responsables, que respeten las reglas y puedan conducirse colectivamente con buen rumbo. 
 
No todos tendrán la sensibilidad para llevar finito el vehículo sobre el camino sinuoso y no volcar.
 
En la toma de decisiones y me refiero especialmente al voto, es decir al acto de elegir quienes conducen, no puede ni debe haber ignorancia ni irresponsabilidad.
 
La ignorancia, nunca esclarece, todo parece ser igual. El problema viene de lejos, ya lo decía el tango cambalache.
 
La irresponsabilidad, ante hechos trascendentes, definitorios, nos hace actuar como si estuviéramos frente a una mesa de juegos de azar. Ponemos una ficha y listo. Siempre perderemos y sufriremos la condena.
 
Con estupor se escuchó en la mañana del día de las PASO, a un candidato (el que saco más votos) pedir al electorado que vayan a votar con el corazón.  Bien podría haber dicho con la razón.
 
Confundir lo emocional con lo racional, es de una torpeza mayúscula o es netamente intencional. Un golpe bajo que ahonda la confusión.
 
La dinámica de estos tiempos ha hecho que el colectivo social que decide, este segmentada en franjas de edades con historias, vivencias, memoria, etc., muy disímiles.
 
Los de mayores edades entenderán al instante de que se habla aquí. En su gran mayoría, hacedores de su porvenir, de su familia, de sus logros y sus fracasos.  
 
Quienes reúnan experiencias capitalizadas estamos obligados y debemos sacar conclusiones. También a modo de guía, debemos trasladarlas a quienes nos suceden cronológicamente. Animémonos.
 
Los intermedios viven la angustia del día a día con la impotencia en el mejor de los casos de querer y no poder. Les resulta difícil esclarecerse cívicamente y desde ahí hacer su aporte.
 
Su situación es como la del malabarista con cinco pelotitas en el aire y no se le puede caer ninguna.
 
La inferior, posadolescentes a treintañeros, desconocen la problemática y su memoria aquí no cuenta porque no registran hechos precedentes. 
 
La falta de límites, los invitó a ser irresponsables. Los que se animan  a opinar, solo repiten muletillas inculcadas.
 
En general no leyeron, no estudiaron o lo hicieron poco, casi se puede decir que no perciben siquiera sus propias carencias. 
 
Tienen a su disposición el recurso tecnológico inédito en el pasado y que les permitiría informarse bien, pensar, elaborar y sacar sus conclusiones suficientemente meditadas cualesquiera que estas sean. Pero no lo hacen, lo destinan a otros fines. Sin quererlo terminan siendo como un niño mal criado al que le falto una guía. 
 
Los mayores hemos dejado que esto suceda. El “no”, límite oportuno si los hay no lo hemos utilizado ni siquiera en su aspecto formador de personas. 
 
Por eso, es preciso que lo que no se hizo antes es imprescindible que se haga ahora.
 
Algo hicimos mal para que ellos no puedan discernir que les conviene sobretodo por y para su futuro.
 
Solo son consumidores y como tales se comportan. 
 
De ahí el reclamo excluyentemente económico al que le dan prioridad absoluta para aplicar el llamado voto castigo sin importar cuan ignorante son e irresponsables terminaran siendo.
 
Todas las franjas de edades requieren elevar su calidad ciudadana. 
 
Todos debemos esclarecernos y ser responsables, pero…
 
Los más jóvenes requieren más atención y ayuda. 
 
No ya con ideologías, idealizaciones, etc., como los ejércitos construidos en los últimos años desde el relato y sobre todo de manera increíble ¡en nuestras propias aulas!!! sino pragmáticamente mostrando casos prácticos de nuestra experiencia. 
 
Hagámoslo, aún estamos a tiempo!!! Debemos actuar. 
 
Tenemos que decir, mostrar y a modo del principio de vasos comunicantes donde el vaso más vacío se llena desde el más lleno, generar conciencia ciudadana para evitar un suicidio colectivo. 
 
Invito a todos los hacedores del producto bruto (Generadores de bienes y servicios) sobre quienes descansa cualquier proyecto actual y futuro a movilizarse cívicamente dialogando con jóvenes de su entorno solo a efecto de invitarlos mediante el diálogo y confrontación de ideas a utilizar sus propias neuronas y sacar conclusiones cualesquiera que estas sean. 
 
Nos queda una sola bala para no caer en el proyecto geopolítico que sin querer alientan y que no saben que de las dos opciones, seguro, es la que no contempla las libertades individuales. 
 
Verificarlo en los hechos consumados, será un punto sin retorno, equivalente a la muerte cívica y como única meta nos quedara la supervivencia dentro de un régimen autoritario y opresor. 
 
Marcelo Eduardo Vistalli
DNI 11315149
Albertini 63 Lobos, Bs.As.
02227 15552894
vistallimarcelo@gmail.com
 
 
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