Correo de Lectores 13 de agosto, 2019

ELECCIONES PASO

Escribe: Daniel Azcárate.

Las PASO tiene como objetivo seleccionar entre contendientes de un mismo partido. Es, en otras palabras, un problema propio de cada partido. En principio no veo por qué cada partido debe estar obligado a hacer participar a la ciudadanía de manera obligatoria para solucionarle sus problemas de representatividad. Aquellos partidos que deseen hacer una elección previa (con sus afiliados, así el partido del 54% no manda a sus seguidores a votar en contra del mejor opositor de otro partido en las PASO para dejarlo fuera de carrera) son libres de hacerlo a sus propias expensas. Aquellos que no, irán a las elecciones con su propio candidato de todas maneras.
 
En segundo lugar, que la mayoría de los partidos hayan presentado un sólo candidato desvirtúa el espíritu o fin de las PASO. Aquellos partidos que no presentaron más de un candidato hicieron poco más que usar el dinero del contribuyente para hacer una encuesta sobre su propia intención de voto. Que haya un requisito mínimo de votos a obtener en las PASO para presentarse a las elecciones incentiva a que por más que no haya más de un candidato el partido deba presentarse nuevamente a elecciones. ¿Por qué no dejar que cada partido haga su interna con sus propios afiliados, incentivando de forma más sana la competencia de los partidos por obtener afiliados y una mayor y mejor participación cívica? Son peligrosas las expresiones que dan a entender que en el día del “voto” se agota el concepto de “democracia.”
 
En tercer lugar, la obligatoriedad del voto termina jugando en contra al proceso político y al “día de fiesta democrática.” Una de las razones por la cual el voto es obligatorio se debe al peligro de fraude. Con la Ley Roque Saenz Peña de 1912, se busca eliminar el manoseo político del voto al volver al mismo secreto y obligatorio. Al ser el voto obligatorio, no se puede falsificar votos de personas que decidieron no votar. Lo que es difícil de explicar es cómo en la Argentina del siglo XXI ese riesgo de fraude sigue siendo serio como para que el voto tenga que seguir siendo obligatorio. El voto es un derecho, no una obligación. Pero el voto obligatorio juega en contra del debate político al producir votantes cautivos del sistema. Por un lado, el candidato no tiene que hacer el esfuerzo de convencer al ciudadano de tomarse el trabajo de ir a votarlo. Por otro lado, el ciudadano que sí desea votar y no lo hace por obligación, va a estar más interesado en conocer las propuestas del candidato y menos su sonrisa. No es casualidad que con un sistema de voto obligatorio el debate político sea tan pobre que, de hecho, sea difícil llamarlo debate.
 
La clase política en general, salvo algunas excepciones, pasaron por alto las PASO al no usarlas para lo que fueron diseñadas. Qué elecciones distintas si el arco opositor hubiese, de hecho, presentado varios candidatos con un discurso de diferenciación institucional frente a los únicos candidatos que se ven hoy.
 
Daniel Azcàrate
DNI: 5260282
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