Correo de Lectores 26 de abril, 2019

UNA CARTA

Escribe: Dalmiro Dichiara, desde Tandil.

Me permito transmitirles el presente mensaje que me llegó, lo encuentro muy interesante para enriquecer nuestra cultura: La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran casos de países como India y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son pobres.
En cambio, Australia y Nueva Zelanda, que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos, son hoy, sin embargo, países desarrollados y ricos.
 
La diferencia entre países pobres y ricos tampoco está en los recursos naturales con los que cuentan, como es el caso de Japón que tiene un territorio muy pequeño del cual el 80% es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería. Sin embargo, es una potencia económica mundial, pues su territorio es como una inmensa fábrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados, también a todo el mundo, logrando así su riqueza.
 
Por otro lado, tenemos una Suiza sin océano, pero tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo; no tiene cacao pero tiene el mejor chocolate del mundo; en sus pocos kilómetros cuadrados, pastorea y cultiva sólo cuatro meses al año ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de toda Europa. 
 
Al igual que Japón, no tiene recursos naturales, pero da y exporta servicios, con calidad difícilmente superable.
 
Es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo, que lo han convertido en la caja fuerte del mundo.
 
Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación.
 
Otro ejemplo, son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fábricas; al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual.
 
La ACTITUD de las personas es la diferencia.
 
Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos, se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas (el orden podría ser discutido sanamente):
 
1. La moral como principio básico.
2. El orden y la limpieza
3. La honradez
4. La puntualidad
5. La responsabilidad
6. El deseo de superación
7. El respeto a la ley y los reglamentos
8. El respeto por el derecho de los demás
9. Su amor al trabajo
10. Su afán por el ahorro y la inversión
 
¿Necesitamos más leyes?
 
¿No sería suficiente con cumplir y hacer cumplir estas 10 simples reglas?
 
En Argentina, sólo una mínima (casi nula) parte de la población sigue estas reglas en su vida diaria. 
 
A Argentina no le faltan riquezas naturales, simplemente nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas de funcionamiento de las sociedades...
 
Sería bueno que compartieras este mensaje con otras personas y a ver si poco a poco, vamos cambiando. ¡Un argentino a la vez!
 
¿No crees que sea tiempo de revertir nuestra actitud?
 
Coméntalo con tus amigos, enséñaselo a tus hijos, dale una copia a los maestros de tus hijos y recomiéndales discutirlo en clase. Así iremos formando la Argentina que siempre debió ser.
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