Correo de Lectores 10 de abril, 2019

BACALAO

Escribe: Claudio Giglio

Semana Santa está llegando.
 
Recuerdos de la infancia.
 
En casa se respetaba el ayuno y el Viernes Santo se hacía comida con bacalao.
 
Entonces el bacalao era un insumo de muy bajo costo, y hoy es un lujo.
 
Entonces era ayuno, era seguir las reglas religiosas.
 
Hoy es un manjar caro, solo  para privilegiados.
 
Setenta años de cambio.
 
Venía de Noruega y de Islandia, y se pescaba en el Mar del Norte y en el Atlántico Norte.
 
Los noruegos rápidamente los faenaban y los comenzaban a salar.
 
Y los envasaban en grandes cajones de madera cepillada y machimbrada, con los que mucha gente hacía viviendas o muebles.
 
El bacalao islandés tenía un procedimiento distinto: se lo dejaba sin faenar hasta que tomara cierto olor diferente al noruego.
 
Era menos apreciado en la Argentina y supongo que en el resto del mundo, salvo Islandia, por el sabor diferente.
 
No sé si entonces era placentero al gusto infanto juvenil, sino que era una obligación religiosa y como tal se cumplía.
 
Los tiempos cambian.
 
Entonces odiaba las lentejas, y hoy me regodeo con un guiso de lentejas con chorizos españoles colorados, y panceta ahumada cuando se consigue´.
 
Hoy saldremos a buscar bacalao.
 
Antes se vendía la enorme penca que bastaba para el ayuno de Semana Santa.
 
Hoy, se consiguen a veces, pequeños paquetes de un cuarto de kilo.
 
Y EL AYUNO DE LA INFANCIA ES EL PLACER DE LA VEJEZ.
 
Claudio Anibal Giglio.
DNI 4134981
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