Correo de Lectores 7 de enero, 2019

BIENVENIDOS A LA LAGUNA DE LOBOS

Escribe: Santiago Héctor Dabove

El turismo a nivel mundial como industria genera el 10,4 % del PBI Global y 313 millones de empleos.  Los gastos directos en viajes a nivel mundial alcanza la escalofriante suma de 2,6 billones de dólares, y si sumamos los gastos indirectos la cifra alcanza los 8,3 billones de dólares.
 
1 de cada 11 trabajos en el mundo los genera el turismo. Solamente el 2015 se generaros 2,5 millones de nuevos trabajos directos en el sector, y si sumamos los indirectos y los inducidos la cifra aumenta a 7,2 millones de nuevos puestos de trabajo.
 
El Word Travel & Tourism Council predice un crecimientos del 4% anual del sector desde 2016 a 2026.- Según este organismo internacional para 2026 el turismo representará 370 millones de trabajos. Se podrían crear casi 100  millones de  nuevos puestos de trabajo en el mundo para la próxima década. El crecimiento inclusivo y asegurar un futuro con empleos de calidad son preocupaciones  de gobiernos de todas partes, el turismo constituye una herramienta clave  de la economía ya que se estima que es creador de 1 de cada 10 puestos de trabajo. 
 
Argentina no es ajena obviamente a este contexto mundial y Lobos no es la excepción, pero llueve sopa y nosotros con un tenedor.
 
Nuestra querida Laguna, nuestra joya turística por excelencia, presenta un grado de decadencia que se explica sólo por la falta de interés y/o negligencia de las autoridades de turno, que no hacen más que arrastrar un desinterés por el recurso que viene de décadas, y por el que han pasado Radicales, Peronistas, UVC, vuelta Peronistas y ahora UVC-Radicales -PRO, ahí no hay “grieta” lamentablemente, para la desidia se ponen de acuerdo rápidamente.
 
Las excusas sobran, (falta de presupuesto, la provincia no gira fondos, la devaluación, la crisis de no sé qué, y la de no sé dónde, bla, bla, bla), y las soluciones no solo no aparecen, sino que la situación empeora.
 
El acceso a la Laguna es patético, la ruta está rota y llena de pozos (a los que de vez en cuando tapan con brea y piedra, entonces en vez de pozos tenemos “lomos de burro” improvisados), carece de iluminación, no tiene demarcación ni carteles indicadores de curvas y cruces, y cuando llegamos a la entrada de la Laguna, nos recibe el depósito de autos y camiones siniestrados del destacamento policial (obviamente, pero valga la aclaración, esto no es responsabilidad de la Policía). Entonces, nuestro querido turista, que se ha dispuesto a pasar un fin de semana en nuestra laguna, es recibido con ese espectáculo dantesco de autos chocados y camiones quemados cual alegoría de la muerte. 
 
Esa es nuestra bienvenida.
 
Una vez dentro de Villa Loguercio, la costanera no tiene más asfalto, el que ha sido reemplazado con un desastroso mejorado de tierra y piedras del viejo asfalto, que  al paso de los automóviles de nuestros visitantes se transforma en una tormenta de tierra y piedras.
 
El sector de recreación, no se queda atrás, mugre por todos lados, baños públicos inhabitables por su condiciones de falta de higiene, juegos para niños que representan un verdadero peligro para los mismos, etc y así podríamos seguir con un listado interminable de calamidades, como por ejemplo viviendas abandonadas (que recuerdan alguna época dorada) comercios cerrados con sus fachadas destruidas y más.
 
Lo único que se puede destacar es el esfuerzo denodado de vecinos, comerciantes y operadores turísticos por tratar de hacer de la Laguna un lugar elegible para el turismo, y señalar que los mismos no son ni escuchados, ni apoyados por las autoridades. 
 
¿Cómo hicieron en San Miguel del Monte, Chascomús o Navarro?,   por mencionar algunos ejemplos de buena gestión.
 
En cuanto a la gestión ambiental, cabe señalar que la Laguna de Lobos se encuentra en estado permanente de abandono y emergencia, el pasado verano de 2018, cuando la sequía desnudó sus costas pudimos observar con tristeza las montañas de mugre formada por bolsas, latas, botellas de plástico y vidrio, pañales, escombros con hierros retorcidos, etc que se acumulan fin de semana tras fin de semana. No existen las vedas correspondientes de pesca, no existe control de cantidad y tamaño de las piezas extraídas por los pescadores “deportivos”?. Los únicos esfuerzos por mantener vivo el recurso vienen de entidades no gubernamentales (Por ejemplo el Club de Pesca Lobos), no hay control respecto de deportes náuticos a motor, es un verdadero descontrol.
 
Como si todo esto fuera poco, a escasos 2 km se encuentra la hermosa localidad de Salvador María, cálida por su estética campera y por su gente (su mayor valía). Los carnavales que con tanto amor y esfuerzo allí se organizan, son de gran concurrencia. Se han transformado en un evento cultural, y social que atrae público de todas partes del país y en el que participan en su armado todos los habitantes del pueblo, en muestra de que el esfuerzo colectivo puede lograr este tipo de “milagros”. Ahora bien, antes de llegar el visitante tendrá que tener precaución, ya que hace más de un mes se realizó una obra de dragado de dudosa eficacia y se dejó en toda la banquina de la ruta (mano derecha yendo a Salvador María) desde la bajada de la Araucaria hasta la entrada al pueblo, un “hermoso talud de tierra, mugre y ramas” que constituyen una verdadera trampa mortal en caso de que algún automovilista necesite desviar en una emergencia a la banquina.
 
El pequeño informe que aparece en el encabezado de esta nota, aparece en google poniendo en el buscador “importancia económica del turismo en argentina”. Les sugiero a las autoridades de turno buscar. Y si no, prueben con el sentido común, casi nunca falla. 
 
Veo ejemplos como el de Cañuelas, con su perla “Uribelarrea” siendo el mismo y sin ofender un recurso más limitado turísticamente, pero muy bien gestionado. No saben la bronca que me produce cuando algún porteño amigo me pregunta por la fiesta de la cerveza o de dulce de leche en “Uribe” y nada pregunta sobre mi pago con infinidad mayor de recursos. Hoy no puedo decir a nadie - vayan a la Laguna de Lobos, sinceramente no es para recomendar-. 
 
Gestión por favor, para eso se los votó, gestión pública, no le tengan miedo a la gestión pública, no es mala palabra,  tan simple como eso.  
 
Santiago Héctor Dabove
DNI 25686943
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