Correo de Lectores 7 de diciembre, 2018

SEGURIDAD

Escribe: Claudio A. Giglio.

La inseguridad ha ido aumentando a medida que la pobreza fue la normalidad, desde hace muchas décadas.
 
Hubo una pérdida en el ejemplo familiar, una desaprensión de la educación, una caída de la calidad moral, educativa y económica de la población.
 
A medida que la inseguridad invadía la vida ciudadana, que las muertes se convertían en noticias diarias, se notó las dificultades que tenían las fuerzas de seguridad de cualquiera de las divisiones que nos protegían.
 
Muchos policías muertos, mucho condenados por “exceso en la represión del delito”, muchos delincuentes dedicados a deshacerse de las fuerzas de seguridad, llamadas por ellos, (muchos bajos el efecto de drogas o desechos como el paco) TIRAS.
 
La mala aplicación de las leyes contribuyó a la circulación de delincuentes condenados, sin cumplir su condena. O algunos ni siquiera condenados.
 
Era notable el pedido ciudadano de mejor aplicación de las leyes, y el cumplimiento de condenas fuertemente aumentadas, (mano dura) aunque se supiese que el aumento de las penas no disminuye los delitos ni su gravedad.
 
Pero el pedido estaba.
 
Era un clamor que se leía y se oía permanentemente.
 
Se agregaron a la actividad policial la gendarmería, la prefectura naval, la policía de seguridad aeroportuaria, pero cada una tenía un protocolo, todos dentro del código penal (que está por ser modificado ya que el vigente es de 1921, y la modalidad delictiva ha cambiado y aumentado en clases y gravedad).
 
El protocolo presentado por la Ministro de Seguridad, unifica los criterios, todos legales y contenidos dentro del articulado del antiguo código penal vigente.
 
Y muchas voces que pedían adecuación y endurecimiento, hoy, políticamente, se oponen inventando inconstitucionalidades inexistentes, y pidiendo inactividad frente al delito flagrante.
 
El caso Chocobar es modelo de queja, por culpabilidad (hoy) según algunos, e inocencia y cumplimiento de su deber según otros, entre los que me encuentro.
 
La adecuación de la conducta de la fuerza FEDERAL, frente al delito es imprescindible.
 
Y solo se puede discrepar con la acción sin dar la voz de alto. Leve discrepancia porque al dar la voz de alto se señala al delincuente, que no duda en matar, la posición del agente defensor.
 
Al tratarse de un protocolo que no contradice al código penal, no requiere ser convertido en ley por el Congreso.
 
El pueblo espera criterio.
 
Claudio Giglio-
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