Poesía, Narrativa y Ensayo 17 de octubre, 2018

LOS MALANDRAS Y EL MONJO

Cuento de Gustavo Contrera. Cuarta parte.

1973 CUARTO AÑO
 
En la provincia de Santa Fe, ocurre el tornado de San Justo, llevándose 63 vidas humanas. Se firma El tratado de paz en la guerra de Vietnam. Se lanza el álbum THE DARK SIDE OF THE MOON, de la banda Pink Floyd. En Argentina, tras levantarse la proscripción contra el peronismo (vigente desde 18 años atrás), gana las elecciones democráticas el peronista Héctor Cámpora. El inventor Martin Cooper (de la empresa Motorola) realiza la primera llamada desde un teléfono celular. En Nueva York se inauguran las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio. En San Juan (Argentina) se funda la Universidad Nacional de San Juan. 
 
En Nueva York, la Organización Mundial de la Salud excluye a la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud. Regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina, tras dieciocho años en el exilio. En Estocolmo (Suecia) se perpetra el robo al banco Kreditbanken, que por error dará nombre al denominado “Síndrome de Estocolmo”. El general Augusto Pinochet perpetra un golpe de estado en Chile. Se suicida el presidente Salvador Allende. En Santiago de Chile, el diario La Segunda publica que el cantante Víctor Jara ha fallecido de manera no violenta, y que su sepelio ha sido de carácter privado. En realidad, Jara estaba siendo torturado y sería asesinado cuatro días después. Juan Domingo Perón es elegido presidente por tercera vez no consecutiva. Se forma la banda Kiss. Se estrenan las películas El Golpe, El Emperador del Norte, El día del Chacal, Sérpico, Amarcord, Papillón y El Exorcista. Nacen Martin Palermo, Matías Almeyda y Mónica Seles. Mueren Pablo Picasso Pablo Neruda y Bruce Lee. Es campeón de F1 Jackie Stewart, campeón Libertadores de América e Intercontinental Club Atlético Independiente de Avellaneda. Campeón Metropolitano Huracán y del Nacional Rosario Central.
 
Se corre la primera maratón en Lobos con llegada en la confitería Las Familias. La gana un Malandra “Carlitos” Eduardo Petraglia.
 
El año anterior se había tomado la decisión de ir ahorrando dinero para el viaje de egresados. Fuimos poniendo un pequeño monto por semana y cuando este ahorro fue de cierta importancia, se lo llevamos a un prestamista del pueblo que nos pagaría intereses. Todos los meses agregábamos más dinero. El monto recaudado sería para realizar un pago a cuenta del total del viaje. El faltante se dividiría por los que confirmarían viajar. Teníamos dos años por delante para juntar.
 
El 4° año fue la frutilla del postre, el coito de una relación sexual, la medalla dorada de una maratón, la beatificación de un cura, el gol de chilena, o presentarle el novio a papa.
 
LOS MALANDRAS, tenían muy buena relación con los de 5°. Buenos tipos, algunos salían con nosotros los fines de semana. Se asomaba la madurez del adolescente. Crecía la barba, rasgos duros y definidos, granos, músculos y una sensación parecida a la del Increíble Hulk.
 
Ya no había lugar para la chiquilinada. Si se hacia un quilombo o un “prepo”, debía ser original e imponente. Este reflejo del grupo puso a prueba una de la situaciones más complicadas, jamás imaginada.
 
El año transcurría con tranquilidad y armonía. Hasta que cierto día, como cualquier otro, nos encontramos en el aula esperando a la profesora que estaba retrasada. La puerta del aula estaba abierta. Esta daba a un pasillo en un primer piso, en donde estaban las otras aulas. Lo de siempre de un día normal, alguien tiraba algo, las chicas chusmeaban, otros repasaban otra materia, etc.
 
Se escuchaba el taconeo por el pasillo de alguna profesora que venía en dirección a nuestra aula. El sonido y el ritmo que generaba su caminar, daba la justa imagen (sin verla) de una mujer sensual. Pero no era “nuestra profe”, era la Srta. Robles profesora de geografía quien se dirigía a otra aula. La mas “buena” de todas las profe. El recuerdo en cámara lenta de esos instantes en que pasa por nuestra puerta, se hacen inolvidables. Al son del taco, acompañaban sus caderas el pendular balanceo de sus nalgas. Sus pechos justamente ubicados armonizaban el ritmo dantesco, solamente esa remera celeste con la imagen de un perrito, desconcentraba ese momento tan erótico.
 
Los cuellos varoniles quedaron al unísono girados hacia la derecha, como siguiendo la pelotita de tenis, o el pasar de los caballos en una carrera.
 
Tal ambientación colectiva, solo fue interrumpida por el exabrupto de Alejandro, quien silbó llamando al “perrito”.
 
Al instante el taconeo se detuvo. Pausa. El taconeo nuevamente se reinicia, pero con otro ritmo. 
 
Imprevistamente la Srta. Robles se encuentra parada en la puerta de nuestra aula, interrogándonos, ¡¿QUIEN FUE?!
 
Silencio absoluto. En segundos de desvaneció el ambiente erótico creado.
 
¡¿QUIEN FUE?! Nuevamente preguntó. Al no recibir respuesta, encaró para rectoría.
 
Al principio no le dimos demasiada importancia al hecho, ya que fueron varios los incidentes anteriores muchos más graves que el ocurrido. La vez que fue arrojada una profesora por la escalera (fue salvada por los que venían por detrás); o cuando se negoció una nota, mostrando previamente un 38 (en desuso); o cuando ingresamos de noche a dirección y cambiamos todas las notas de contabilidad; o cuando le agregamos a “Miguelito” (el esqueleto) un gran pene. Sin contar las bombitas de olor, el vitreaux de la iglesia roto de un pelotazo, la paliza a 3° año dentro del baño.
 
Pero el incidente que nos ocupa iba teniendo una efervescencia tipo tsunami.
 
La profesora ofendida, se presentó ante el Monjo y le expuso sus quejas. Fue solo un silbido como premio a la belleza femenina.
 
El tema era que Alejandro tenía 22 amonestaciones y mínimo le iban a enchufar 5. Es decir estaba match-point. A los pocos minutos interrumpe la clase el Monjo y por detrás muy ofuscada la Srta. Robles. El Monjo nos solicita que por favor se pare quien había silbado a la profesora. Silencio absoluto. El rector para no interferir con la continuidad de la clase, nos solicita que concurramos a las 19 hs. al colegio acompañados de algún padre.
 
Y así fue, al principio parecía una reunión familiar. Todos se saludaban, hacían chistes, risas (parecía un velorio). Cuando apareció el Monjo, silencio absoluto. LOS MALANDRAS habían comentado en sus hogares el incidente pero no el autor. La autoridad escolar comentó lo ofendida e indignada que se encontraba la Srta. Robles. Algunos padres le respondieron que no les parecía ni una ofensa ni un agravio al contrario era una manera de reconocer su belleza. El Monjo no quería tener problema con la profesora ni con alguna denuncia escolar. Entre cambios de opiniones de los padres y el Monjo a cada instante nos preguntaban en silencio e individualmente ¿che quien fue? Silencio absoluto. Imprevistamente la madre de Alejandro gritó.
 
¡BUENO BASTA, QUE NO SEA COBARDE Y QUE SE PARE QUIEN FUE!
 
Estuvo bueno. No nos reímos por que ahí si se pudría todo.
 
De pronto se generó un clima raro, como de culpa. LOS MALANDRAS normalmente solo necesitaban mirarse para lograr comunicación. Algo pasaba que nos aislaba. La presión fue creciendo junto con las amenazas. Sería la hora, sería el cansancio, seria no poner en peligro otras circunstancias colaterales. LOS MALANDRAS estaban sentados juntos hacia la izquierda del salón. A la derecha el grupo de padres y al frente el Monjo.
 
OS ADVIERTO QUE SI NO HAY UN CULPABLE DEBERE AMONESTAR A TODOS LOS VARONES (SEÑORES ALUMNOS, LES PIDO QUE RECAPACITEN DE VUESTRO SILENCIO, PERO GRUPALES SON 2 POR CADA UNO) Y AL AMONESTAR A TODOS, CARLOS PERDERA LA BANDERA.
 
Carlos era nuestro orgullo. Era quien compensaba toda nuestra mala fama.
 
Hasta el momento su promedio general era de 9,45. Una bestia. Carlos se había preparado para ese honor. Ser abanderado con el mejor promedio de toda la historia del colegio.
 
Silencio absoluto. El pánico escénico nos invadió y perdimos coordinación.
 
Estábamos entre la espada y la pared. Los padres nos miraban como diciendo no hay mucho para pensar. El Monjo esperando lo que fuese necesario ya que nos cantó “jaque mate”.
 
Alejandro estaba sentado en la primera fila, de pronto comenzó a moverse como si tuviese una tachuela que le pinchaba el traste y buscando la posición mas cómoda. Luego quebró su cadera, apoyó su mano derecha en la silla y comenzó a levantarse muy lentamente como si tuviese 95 años.
 
Cuando estaba casi totalmente parado, Carlos lo imitó. Silencio absoluto.
 
Luego otro y otro y otro, se fueron parando, hasta que nadie quedo sentado.
 
Otra vez nos volvimos a conectar, como si un leve sonido imperceptible por los normales nos dio señal de alivio.
 
Si, otra vez nos volvimos a conectar y esta conexión duraría toda la vida.
 
Existen situaciones de vida que simplifican lo que varios libros quieren explicar. Es una concentración de sentimientos tal elevada, que se hace difícil comentarla. Es algo que se da. Que da la vida. Y a la cual no puedes ser indiferente. Queda para siempre.
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