Poesía, Narrativa y Ensayo 17 de septiembre, 2018

EL ARDILLA, PARTE 3

Cuento de Gustavo Contrera.

Emprendieron la marcha, muy excitados (el “Ardilla”, el “Colorado” y los “siete” secuaces). Mezcla de temor y alegría. El monte quedaba como a legua y media. Ya a medio trayecto, el “Ardilla” estaba en canchero, después de insultarlo de mil maneras al “Yet”, y consultando con los “siete” de que manera lo iban a eliminar al maldito. Hacia chistes, se reía solo, gritaba como un indio. Realmente se sentía poderoso, como si hubiese cazado a un oso. Cada tanto zamarreaba la bolsa y el “Yet” enloquecía revolviéndose dentro de la bolsa. Los “siete” empezaban a ladrar tanto que babeaban como locos. El “Colorado” cada tanto miraba para atrás, solamente para asegurarse que el “Ardilla” no se la agarre con él.
 
Al llegar al monte y ya con el brazo acalambrado de llevar al gato, bajó del “Colorado” dejando caer las riendas, él mismo se dedicó a bajar la cabeza y a comer pasto, la situación de los demás no le interesaba.
 
El “Ardilla” empezó a girar la bolsa como la vuelta al mundo, los “siete” rodeándolo saltaban como locos, querían ser los ejecutores de ese enemigo en común. Cansado ya de revolear la bolsa, se acordó lo que el tío dijo 
 
– tirá la bolsa así como te la doy- (es decir que no la desate).
 
Siempre nos acompañan sobre la cabeza, de un lado un ángel y del otro el diablo. Y ahí vienen los consejos. -Hacele caso al tío dijo el ángel. 
 
–No hagas caso, pensá en todas las maldades que te hizo a vos y a los “siete”.
 
Ni lo pienses, abrí la bolsa y tíraselo a los “siete” que lo despedacen- dijo el diablo.
 
Bla bla bla bla. Meta discutir los dos. Y si, el “Ardilla” decidió. Decidió lo que cualquier chico sano hubiese decidido. Es decir llevarle la contra a los mayores. Y con una leve sonrisa y mirando a los “siete”, fue abriendo despacito los nudos. Su rostro se iba transformando, ensanchaba los orificios nasales, su sonrisa se ampliaba y sus cejas se levantaban. Los “siete” parecían lobos de la Siberia, como si no hubiesen comido en todo el año. Era hambre de sangre, era odio, era venganza. En círculo a la bolsa esperaban ese momento sublime, cuando el “Ardilla” abriese la bolsa.
 
“Yet” asomo apenas sus bigotes y los “siete” totalmente furiosos y con los ojos rojizos, ladraban descontrolados. El “Ardilla” se fue levantando lentamente, retrocedió un paso y le pegó un boleo a la bolsa que el gato salió catapultado. Detrás los “siete” decididos a la masacre lo rodearon.
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