Correo de Lectores 12 de marzo, 2018

SEXO 1960

Escribe: Claudio A. Giglio.

En 1960 o 61, recién instalado en Lobos, y con mi habitual actividad social, concurrí un domingo a la Municipalidad.
 
En el salón de actos, se realizaba una asamblea popular sobre temas relacionados con la educación sexual en la escuela. En la cabecera estaba el presbítero Larumbe, de la iglesia de Lobos, un abogado de la Asociación Católica Argentina, y otras personas expertas o interesadas en el tema.
 
El Padre Larumbe me había prometido un cargo de profesor de química o física (no recuerdo cual), para la escuela recién inaugurada en la calle San Martín, porque yo había sido compañero de estudios de una sobrina suya, de apellido Ens, que vivía en Lanús. Había mucho público.
 
El tema provocó interés, y todas las sillas estaban ocupadas, y ellas rodeadas de gente de pié.
 
Los que defendimos la educación sexual infantil, desde la primera comprensión de conceptos, fuimos Blasco (Pototo) y yo.
 
Recuerdo mi argumentación:
 
El sexo no es sucio.
 
Lo hacemos sucio los humanos.
 
Los únicos seres vivos que lo utilizan como diversión son los simios, (entre los que estamos) y los mamíferos acuáticos como los delfines.
 
El resto de la flora y de la fauna, solo para su reproducción.
 
La flor es un elemento de belleza, que utiliza esa belleza con sus estambres, sus pistilos y su polen, para lograr el semen que en terreno fértil la reproducirá.
 
La iglesia tiene que ver con ignorar las enseñanzas bíblicas sobre la reproducción (creced y multiplicaos) con la introducción en su discurso del sexo como un pecado mortal.
 
Y mi último argumento, fue que los únicos animales que se avergüenzan de su cuerpo son el cangrejo ermitaño y el hombre.
 
Por eso somos los únicos que usamos vestidos para taparnos.
 
Por supuesto, y como vemos ahora la inexistencia de educación sexual desde la primera infancia, mi opinión fue descartada.
 
Y hay consecuencias: la preñez prematura de las niñas, el contagio de enfermedades, la vergüenza del cuerpo desnudo, y el discutido aborto.
 
El hombre influenciado por opiniones interesadas, ha convertido a la actividad que reproduce, en el pecado más agraviante de entre todos los pecados.
 
Y no es un pecado sino la finalidad de cualquier raza de no desaparecer de la flora y de la fauna.
 
Y el Padre Larumbe no me otorgó el cargo de profesor porque según su concepto yo era comunista.
 
Claudio Giglio
DNI 4134981
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