Salud 7 de julio, 2017

¿PUEDE LA PSICOLOGÍA CAMBIAR TU METABOLISMO?

Escribe: Camila Puldain. IIN® Health Coach. Instructora de Musculación y Personal Trainer | Matrícula n° 6.013.

Todos sabemos que la buena nutrición es una de las más grandes claves para una salud óptima. Lo que no es muy obvio es que muchas veces, nuestra relación con la comida se interpone en el camino de lo saludable. La mayoría de nosotros sufre los desafíos que representan el comer en demasía, el exceso de porciones, el efecto rebote de las dietas, el descontento con nuestra imagen corporal, la falta de tiempo para cuidarnos, y más. Y un gran número de personas, a pesar de estar acertados con su dieta, puede que estén perdiendo los beneficios de esos buenos hábitos al pasar por alto ciertos errores comunes que, en realidad, son fáciles de corregir con un poquito de atención.
 
¿Notaste como muchos de nosotros sabemos efectivamente qué comer; tenemos idea de lo que significa una buena nutrición y sabemos muy bien todo lo que debemos evitar – pero simplemente no lo hacemos?
 
Es más que claro que el entendimiento de qué comer y de cuanto ejercicio debemos realizar no es garantía de que vamos a trasladar la teoría a la acción, especialmente cuando se trata de perder peso.
 
Siempre hemos sido enseñados que la buena nutrición es simplemente la función de comer lo correcto, y de tomar suplementos si es que tenemos “bajos o altos niveles” de X en los análisis. Por supuesto, esto es así, pero no constituye toda la ecuación.
 
La otra parte refiere a quiénes somos como comensales. Eso significa lo que pensamos, sentimos, creemos respecto a nuestros niveles de estrés, relajación, placer, conciencia; y las historias que vivimos día a día, las cuales son una poderosa –y científica-influencia para nuestro metabolismo.
 
Avances recientes en la ciencia del cuerpo y la mente han probado lo que la sabiduría y tradiciones milenarias han manifestado siempre: que el cuerpo y la mente existen en un continuum exquisito, en el cual uno impacta directamente sobre el otro de manera constante.
 
¡Entonces sí hay buenas noticias! Podés cambiar, de manera poderosa, tu estado nutricional y tu salud sin cambiar tu dieta base, pero sí cambiándote a vos, como comensal!
 
1. El estrés puede poner kilos encima – la relajación puede sacarlos.
 
Es fascinante como el estrés, el miedo, la ansiedad, la ira, los prejuicios y todos esos pensamientos negativos pueden literalmente crear una respuesta fisiológica al estrés en tu cuerpo. Sabiendo que secretamos más cortisol e insulina, lo que afecta a la acumulación de grasa y etcétera, etcétera –lo charlamos en artículos previos-, no es raro que podamos cambiar, entonces, de manera literal, nuestra capacidad de quemar calorías al estar estresados. Lo que es más increíble es que cuando aprendemos a relajarnos mejor, sonreír más, disfrutar más de lo simple y respirar más profundamente, el cuerpo entra en una respuesta de relajación psicológica. En este estado, creamos nuestro propio mecanismo nutricional optimo, que se encargará de quemar lo necesario, aprovechar lo necesario y desechar todo aquello de más. Así que, más allá que sigas la dieta más limpia del mundo y hagas la más compleja paleta de ejercicios, si estás estresado y ansioso, la perturbación de tu mente está limitando tu pérdida de peso y el desarrollo de tu bienestar.
 
2. La felicidad es la mejor enzima digestiva.
 
¿Podés enumerar lo que te sucede cuando comés bajo estados de ansiedad y estrés? Mucha gente dice experimentar síntomas como taquicardia, calambres, gases y malestar digestivo. En el momento en que la respuesta al estrés es activada, el sistema digestivo “se apaga” para no desperdiciar energía en otra cosa que no sea huir para sobrevivir. Entonces, podrías estar ingiriendo los alimentos más sanos y orgánicos, pero si no encontrás la relajación necesaria para evitar ese colapso digestivo, no estaría sirviéndote de nada, ya que no estarías digiriendo todo eso que te preocupás por llevar a tu boca.
 
3. Comer de más es más fácil de lo que pensás
 
“La única manera de bajar es controlarme, pero me es imposible respetar las porciones”. Bueno, dejame animarte y decirte que no tenés un problema de voluntad. El problema de la mayoría es que no come cuando “come”; es decir que, además de no estar conscientemente presentes –disfrutando del aroma y sabor, masticando pausadamente- tampoco solemos ingerir alimentos “reales” llenos de nutrientes. Cuando estas cuestiones sí se dan a la hora de comer, el cerebro, el cual requiere gusto y satisfacción, se saltea la fase clave de la experiencia nutricional - y nos grita desesperadamente “¡Hambre!”. Así que podés modificar y comer lo necesario simplemente siendo un poquito más paciente y calmo en la mesa. 
 
4. Comer despacio genera un metabolismo más rápido.
 
El acto de comer rápido es considerado un agente de estrés para el cuerpo. Los humanos no estamos biológicamente adapatados para comer rápido, y cuando lo hacemos, el organismo entra nuevamente en la respuesta contra el estrés, generando una mala digestión, una mala asimilación de nutrientes –y peor aún, su directa eliminación- retención de calorías y mayor apetito. Entonces intentá lo siguiente: no sólo comé más despacio, sino también teatralmente, como si estuvieras filmando la acción, como si formara parte de una película; pensá en todo lo que estás absorbiendo, sentite nutrido y experimenta todos los aspectos de tu plato.
 
5. Asegurate de tener la suficiente cantidad de Vitamina G y P - ¡Goce y Placer!
 
Mucha gente cree que el placer es algo frívolo. Bueno, déjenme decirles que es algo requerido por nuestra biología. Todos los organismos del planeta tierra, ya sea el león, la lagartija, la ameba y el ser humano, todos estamos programados, en la fase más primitiva de nuestro sistema nervioso, para buscar placer y evadir el dolor. El punto es, entonces, que si estás comiendo a los apurones, tu cerebro irá en busca de ese placer haciéndote comer de más. Y lo que es peor, si estás bajo efectos del estrés, el exceso de cortisol te des-sensibiliza, por lo que vas a necesitar ingerir más cantidad de comida para encontrar el placer que tu organismo busca. ¡Relajá de una vez!
 
6. El comer emocional tampoco es el enemigo
 
En esencia, somos seres sensoriales – ricos, complejos, impredecibles, criaturas llenas de emociones. Amamos, celebramos, reímos, lloramos, nos bajoneamos, nos animamos… ¿cómo, entonces, podemos no ser igual de emocionales con la comida? Amamos la comida. Amamos nuestro restaurante favorito. Amamos la comida que nos hace sentir bien. Algunos amamos cocinar para los demás. Otros somos apasionados por la nutrición. Es tiempo de superarlo: si sos humano, vas a llevar emoción a la mesa. Una vez que aceptemos el hecho de que estamos conectados de manera congénita para la expresión involuntaria de estas emociones, podremos relajarnos un poco más. Subyacente a la tarea de erradicar el sentimentalismo a la hora de comer, está el deseo de evadir emociones incómodas y de malestar. Nos esforzamos incansablemente por lograr un objetivo que constantemente nos lleva al fracaso y a la frustración porque es imposible. Puede ser muy doloroso, sí, pero no es el quid de la cuestión – es el síntoma que apunta a algo más profundo. Es un mecanismo de alerta proveniente de la sabiduría de cada uno de nosotros que nos llama a ser un poco más introspectivos y fluir con las emociones que gritan desde lo más profundo para un mejor entendimiento y cariño hacia uno mismo.
 
7. Despojate de todas aquellas creencias nutricionales venenosas
 
No la mayoría, sino que todos hemos absorbido determinadas creencias en torno a la nutrición que son igual de dañinas que las toxinas en nuestra comida. Es sorprendentemente común que la gente crea que “la comida es el enemigo”, o a que “la comida engorda”, o que “la grasa en la comida es grasa para mi cuerpo”, o la mejor –LA PEOR, en realidad- que cita que “cuando baje de peso voy a ser feliz”. Estas creencias pueden resultar inofensivas, pero la realidad es que crea una relación con la comida y uno mismo de sufrimiento y dolor. Pensalo así: si partimos de que “la comida es el enemigo”, estamos constantemente ante un estado de alerta frente a la comida, por ende, de estrés, y experimentando todas las consecuencias que esto conlleva... TODO ESTO SIMPLEMENTE POR PENSAR que la comida es diabólica. Entonces, la pregunta es: ¿tu relación con la comida es tormentosa o constructiva?
 
Por suerte, de seguro notaste que hay más de una dieta correcta, existen más de miles de formas saludables de nutrirse y llegar a un estado saludable además de la comida propiamente dicha. Cuando nos sentamos en la mesa, llevamos todo el combo: nuestras esperanzas, miedos, pensamientos, emociones, dramas y sueños. Y cuanto más incluyamos en ese “perfil nutricional” - Vitamina G (goce), Vitamina P (placer), Vitamina R (relajación), Vitamina A (amor)- más vamos a aportar, literalmente, a sentirnos nutridos y saludables a todo nivel.
 
*Fuentes: Marc David, fundador y director del Instituto de Psicología Alimentaria.
 
Camila Puldain
IIN® Health Coach
Instructora de Musculación y Personal Trainer | Matrícula n° 6.013-
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