Poesía, Narrativa y Ensayo 31 de marzo, 2017

AQUELLOS TIEMPOS!!!!!

Por Claudio Giglio

Es un dulce placer tener muchos años y guardar recuerdos de aquellos momentos primeros.
 
¡Cuántas cosas guardadas en  el arcón de la memoria!
 
Cosas que hacían diferente la vida, y que hoy no existen.
 
Vivíamos en la Capital, en Pasteur 771, cerca de la Avenida Córdoba.
 
A una cuadra y media hacia el centro, había una facultad, y en su frente un bajorelieve de  bronce, con hombres desnudos y sin ocultar sus genitales.
 
Año 1937-38. Tenía 3 o 4 años.
 
Conté alguna vez que el paseo hacia ese lugar, con el abuelo Pedro Linck, era ir a “LOS HOMBRES CHANCHOS”.
 
Pasaba el verdulero, con un carro y su caballo. La verdurita (puerro, zanahoria, perejil, y en verano albahaca) la regalaban.
 
Mi mamá compraba fruta. Y si alguna estaba  manchada, la devolvía, y el verdulero le decía: “signora: e pecata de lo cashune”( Picada del cajón).
 
El pescadero (que gritaba ¡PESCADOR!) con dos canastos llenos de pescados enteros, frescos, que no hedían. Cuando se compraba el pescado, desplegaba una mesa, escamaba, abría y limpiaba el animal. Una perfección.
 
El vidriero, que llevaba al hombro un caballete, con patas, y en él los vidrios de un tamaño considerable.
 
Si en una casa había un vidrio roto, lo llamaban, él abría el caballete, cortaba el vidrio, sacaba el roto y colocaba el nuevo.
 
Los vendedores de perdices, martinetas, y liebres. Colgados de un palo Manjares caros pero a disposición.
 
El afilador con su flauta triangular que se oía desde más de una cuadra, y dejaba las tijeras y los cuchillos como navajas.
 
El tachero, por lo general gitano, que se llevaba los baldes, fuentes, ollas, tachos, para su reparación, y lo traía a la semana. Hoy el plástico lo ha desplazado. Y nos está cubriendo.
 
A veces, pasaba el vendedor de frutas, que vendía POR ARROBA  (era, según decía mi mamá, unos once kilos). Duraznos pequeños, supongo hoy  (no entonces, por supuesto) que eran el descarte de los productores.
 
El lechero, que con los tachos y su jarro, medía la leche, siempre con el tachito inclinado, lo cual producía una disminución de lo entregado, y luego, como un favor, arrojaba un poco mas en el hervidor ( hoy, ya este recipiente casi no existe).
 
Recuerdo, ya viviendo en Flores, año 1942, el hermoso jardín que tenía mi papá.
 
Y se abonaba, para que las alegrías, los malvones, los geranios, los rosales, explotaran en flores. Muchas y bellas.
 
Y el abono lo juntábamos en la calle, y era una bendición.
 
Pasaban  muchos carros cada uno con su caballo, y alguno con dos, y estos dejaban en la calzada, su apreciado estiércol, llamado “bosta”.
 
Se juntaba con premura y alegría, y con ese “¿desperdicio?” bullían de flores las plantas de nuestro jardín.
 
Es una gloria tener muchos años y un montón de recuerdos que hoy son solo eso: RECUERDOS.
 
Claudio Giglio
DNI 4134981
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