Poesía, Narrativa y Ensayo 19 de octubre, 2016

CAMINANDO 247 NOTAS AL PASO

Escribe: Raúl Usanza.

PORQUE ME GUSTA…
 
Si nos detenemos a observar conductas, juicios, costumbres en la relación de géneros, podemos descubrir actitudes instaladas como realidades incuestionables. Voy por una de ellas tan antigua como el hombre. Hemos asumido culturalmente y así lo vivimos, que el varón tiene relaciones sexuales porque responde a impulsos naturales, porque busca satisfacer una necesidad incuestionable o sencillamente porque le gusta, por consiguiente toda mujer por el hecho de serlo es objeto de deseo. 
 
Así funciona el mundo. Que hayamos creado una doble moral aplicable a cada género, son cuestiones secundarias. Lo que está bien para el varón, no lo está para la mujer. A esto queríamos llegar. En nuestra sociedad la única justificación que tiene la mujer para tener relaciones sexuales, es el amor. Justificación que usa el varón para decir, si no querés es porque no me querés. Ya sabemos que la mujer es muy débil ante las presiones amatorias y por lo tanto cede para que ese gran amor no se diluya y desaparezca por lo menos hasta el próximo encuentro. Ironías aparte, lo cierto es que para la mujer rigen otras normas. Se considera que la mujer cede a instancias del varón cumpliendo funciones conyugales que no se discuten. El deber estar primero.
 
Esto mirado desde una perspectiva sociohistórica, no es sino una expresión de la cultura machista. La mujer al servicio del varón.
 
Pero ¿es esta la realidad que se vive o se desearía vivir por parte de la mujer? Es cierto que la mujer hace el amor por amor. Tan cierto que lo hace porque le gusta, le encanta y además porque sus impulsos amatorios superan a los del varón. La capacidad multiorgásmica es un don que le fue dado por ser mujer. Nosotros preferimos disimularlo, porque en el fondo pone al descubierto una competencia en la que llevamos la de perder. Que ocurriría si la mujer pone en vigencia lo que consideramos privativo del varón y pone entre paréntesis las justificaciones amatorias y las conductas sociales que la perdonan, etc., etc.
 
¿No sería esto más que una declaración de su libertad y preferencias como persona?
 
El varón tendría que cambiar estructuras mentales y admitir que los principios de una doble moral ya no sirven y se impone una urgencia de diálogo con la mujer sobre sexualidad. 
 
Tenemos que animarla a que nos enseñe, nos ayude a iniciar una vida sexual radicalmente nueva y libre de tantos prejuicios.
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