Poesía, Narrativa y Ensayo 22 de agosto, 2016

SE LLAMABA NICOLA D´ARSIE -PARTE 8-

Hoy relataremos brevemente, nuevas historias del Viejo Nicola.

Hoy queremos contarles, cómo Nicola llegaba cada día a una de sus paradas obligatorias, el almacén de Bonavía, conocido como “La Bondiola”. Despachaban además de bebidas, artículos de almacén. 
 
El afamado almacén “La Bondiola”, era denominado por Nicola “El almacén donde se castigan los gauchos piolas”. El mismo, tenía piso de ladrillo y un mostrador como las viejas pulperías; en una de las puntas, una bomba sapo, y afuera una tradicional cancha de bochas, a la sombra de unas acacias, donde la peonada, al final de la jornada laboral, se recreaba jugando un partidito, ya sea a las bochas o a las tabas, entre copas y copas.
 
Lo que llamaba la atención, era que Nicola vivía a 300 metros de la calle que llevaba al almacén de esta historia, pero por aquellas cosas que no tienen explicación racional, Nicola nunca quiso poner una tranquera que diera salida a esa calle, por lo cual, para salir, no tenía otra opción que ir desde su rancho, por adentro de la estancia, hasta un molino, y desde ese punto, ir al puesto 1 (sobre la ruta 205) donde estaba como puestero Mariano Sosa; luego, costeaba la ruta, hasta llegar hasta la curva de la colonia de Fraga, donde se encuentra la bajada al camino que llevaba al almacén “La Bondiola”. Tras transitar mil metros, había recorrido ya tres leguas para encontrase en el punto de partida (donde podría haber colocado una tranquera). De ahí, se disponía a recorrer dos leguas más para llegar a la puerta del almacén. Si lo decimos en tiempo, todo el recorrido le consumía 2 horas.
 
¿Saben por qué Nicola hacía todo ese recorrido?, de puro gusto nomás. Ahora, empiezan a conocerlo mejor.
 
En otra ocasión, un sobrino de Nicola, que solía pasar días de vacaciones en su rancho, con Nicola y Ceferina, recorriendo el monte, cazó una ratucha (especie de ave muy pequeña) con un rifle de aire comprimido, y el Viejo tomó el diminuto pájaro, lo desplumó y se lo dio a Ceferina para que lo ponga en un suculento puchero, que iba a ser parte del menú ese fin de semana. 
 
Al puchero no le faltaba nada, tenía batata, papa, choclo, zanahoria, repollo, acelga, y además carne con hueso y todo tipo de verduritas. Llegada la hora del almuerzo, Nicola ansioso por comer la ratucha, comenzó a buscarla en la fuente, donde estaba el sabroso puchero, pero la ratucha no aparecía, revolvía y revolvía, ya enojado, y al no encontrarla, se armó un gran revuelo. Todos conociendo el humor de Nicola, no lo tomaron en serio. Al final, la ratucha estaba escondida en un hueso del caracú.
 
La semana que viene, si Dios quiere, tendrán alguna otra historia, que seguramente, los sorprenderá.
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