Deportes 12 de julio, 2016

POR AMOR A LOS FIERROS

El lobense Claudio “Cachencho” Abdala fue un brillante piloto del automovilismo argentino. Hoy nos cuenta su pasado lleno de logros y ricos recuerdos.

Claudio “Cachencho” Abdala es uno de los destacados pilotos de nuestra ciudad. “Aprendí a manejar desde muy pequeño, el amor por los fierros es de familia. Mi papá corría, y mis primos mayores hacían travesuras con los autos, y yo los seguía”, contó a INFOLOBOS.
 
Tomó el volante y no lo soltó más. “Empecé con un Lancia modelo 27, limitada 31, que pasó a ser el TC Roqueperense de hoy. Tenía que correr el día de mi cumpleaños, cumplía 18, y no tenía registro aún. Recuerdo que por suerte para mí, la carrera se suspendió por la lluvia. En esa semana saqué el registro y pude correr. En la carrera se me rompieron las ruedas, tuvimos que abandonar, pero me saqué el gusto”, remarcó.
 
Su segunda incursión fue en una carrera de Citroen en la localidad de Veinticinco de Mayo. “Se corrieron 9 horas. Yo tenía un auto que era de Pica Jorge; y corrí con Miguel Abdala, mi primo. Después, hubo un intento de armar un Peugeot 404, para correr las 24 Horas, una carrera tradicional de esa época. Empezamos a hacer los contactos, pero desistimos por problemas económicos”.
 
Hizo saber que un día fue a Buenos Aires porque vio en la revista Corsa, que se vendía un Fórmula 4,  en calle Pellegrini casi Santa Fe. “Subí al auto y quedé enloquecido. Me senté y no me quería bajar. Empecé a averiguar y armé un Crespi nuevo; pagué la mitad del chasis y la otra parte en 10 meses”. 
 
“Tengo que recordar a Andrea Vianini, que me consiguió un motor de fábrica, a precio de fábrica, y así empezamos. Hablé con Jorge Merilli, un gran preparador de ese momento, y lo terminé de armar en agosto del 70. Andrea terminé el auto le dije, y esa fue la carrera en la que Andrea Vianini tuvo el accidente, en el circuito de Las Flores, que lo dejó paralítico por el resto de su vida”, recordó con tristeza.
 
Remarcó que “hice una muy linda campaña de Fórmula 4, debuté en Concordia, en Gral. Roca, con Carlos Jarque de Tandil, que salió campeón varios años después. El 71 fue muy fructífero; arranqué en Paraná, venía tercero, alcancé al segundo, Laskak (varias veces campeón argentino), pero se me cortó un balancín. Llegué con una vuelta menos. Cuando fui a Maggiolo (Santa Fe), estuvimos segundos en la serie y terceros en la final. Fue ahí cuando la Asociación de Pilotos nos llamó y nos dijo que querían llevarnos a Brasil empresarios brasileros. Iban los primeros 19 del ránking, pero a pedido de empresarios chilenos, fuimos Carlos Jarque y yo. Fuimos y llegamos terceros en una carrera”. Se acuerda que “llovió los tres días, tuvimos la experiencia de correr bajo la lluvia y encima peleamos la punta”.
 
Pasó también por Junín, donde se adjudicó el cuarto tiempo de clasificación, y ganó en el repechaje. “Fue prácticamente una final; una de mis mejores carreras”, subraya.
 
Segundo puesto cosechó en Tucumán, y en Río Cuarto logró el tercero, acompañado por su preparador Tití Cimino. 
 
“Con mi grupo de amigos que me acompañó -Pepe Inella, Pichacho Cóccaro, Grillo Sobrero, Julio Sofía y el Lechón Dorsi en una carrera en Bs. As., ganamos la primera serie, llegamos terceros a la final, superando al campeón. Y también corrimos en Allen, donde ganamos serie, clasificación y final. Ganamos todo”, rememora con alegría.
 
Ya en el segundo año corrió con el número 4  dos carreras. “Luego me quedé sin plata y tuve que dejar”.
 
Incursionó en Turismo Nacional con un 504 que le prestó un amigo de Las Flores. Fue por el Campeonato Argentino Las 300 Millas Florences. “Hicimos carreras zonales y el auto se vendió. Luego empecé un Fórmula 2; Alberto Gómez ganó un concurso de preparadores organizado por Revista Automundo, me dijo que yo ponga Chasis y Caja, y él ponía el Motor. Tardamos en hacerlo, no esperó y se lo dio a un muchacho de Mar del Plata, al que no le fue bien”.
 
“Me quedé a pie, con chasis y caja, y armé un 504 con Daniel Basile, de Las Flores. Corrimos un año. Me decidí a armar un Fórmula 2, pero con pocos recursos. Tuve un accidente muy grande en Rafaela, se me cortó un amortiguador en plena recta,  y el auto se hizo pedazos”, comentó.
 
Luego corrió otra vez en Bs. As. y en Bahía Blanca. “Era más por la pasión que para ganar”. “Después corrí en TC Roqueperense, con un Chevrolet de un amigo de Adrogué. Y en Las Heras alquilé un auto, corrí, y gané. Era un Gacel. Lo compré 3 días antes del mundial del 90, donde participaron autos de afuera, y llegué sexto, tuve puntaje por el campeonato del mundo. Corrí después cuatro rallys; ganamos tres y salí subcampeón del campeonato entrerriano de rally, donde a su vez corría el lobense Gustavo Negro Mansilla”.
 
Debutó en Turismo Carretera, en el 90, con Anselmo Angueleri como acompañante. “Alquilé una coupé Dodge. Anduvimos bien, llegamos con Carlos Barrel y con Luis Di Palma viejo. Fue un placer dar las vueltas a la par. Estábamos peleando el puesto 15”, detalló con orgullo.
 
Hizo de todo. “Alquilé autos para la carrera de Lobos; me puse en contacto con la peña Ciudad de Lobos, y me dieron el auto que originalmente había corrido Pablo Sala. Después dejé y corrí de invitado en las Dos Horas de TC Roqueperense. Llegué tercero con Martín Ratti y Cachate Biroccio”.
 
“La que me quedó sin correr es la categoría TC 2000. Alcancé a alquilar un auto, pero lamentablemente me jugó una mala pasada el que me había puesto el dinero para correr”, contó.
 
En la actualidad, Cachencho ve que “hoy hay mucha diferencia, yo prefiero la época vieja. Hoy el piloto se sube y la computadora le pone la dureza de suspensión, las gomas, todo. Recuerdo que Tití desarmaba cajas cada vez que yo quería probar una segunda más larga, o una tercera más corta. Hoy el auto está totalmente preparado”.
 
Hace saber además que existía mucho compañerismo. “En una carrera salí segundo gracias a que Héctor De Rossi me pasó el caño de frenos de él. Tuvo que abandonar y desarmó el caño de frenos para dármelo. Veníamos los dos peleando el tercer tiempo. Es algo impensado hoy. Había otros códigos, nadie te tocaba para hacerte hacer un trompo. Nunca toqué a nadie. Fui a miles de carreras y nunca traje rayado el auto”.
 
Señaló que “se corría por la medalla; y si cobrábamos algún peso, era para el auto. No corríamos por la plata”.
 
A sus 65 años remarca que “me gustaría dar algunas vueltas; uno sabe con la mente qué es lo que hay que hacer, pero el físico me tiene que acompañar”.
 
Pasó por todo. Sin dudas, el automovilismo es y será parte de su vida.
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