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Enclavado en un sucucho Está el bar de Cucurulo Donde ajeno al disimulo Todo el mundo se ríe mucho Bar cortito como un pucho No alcanza ni a ser cantina Y el que improvisto camina Solo entra si está loco, No tiene baño y tampoco Ni una mísera letrina.
El sufrido parroquiano Que tiene flojo algún perno, Se congela aquí en invierno Y se derrite aquí en verano. Más todo resulta en vano Pues Juan no se brinda entero, Como experto cafetero Resulta en su gremio un taita Y está Carlitos Sustaita Que la oficia de aguatero.
Tiene una humilde ventana Del tamaño de un retrato, Más alta que el Tupungato Y que abre de mala gana. Seguido el reloj se engrana (Tal vez le falle una biela) Y ha roto más de una muela Con sus bifes, con razón: Sus bifes de lomo, son, A veces, bifes de suela.
Y el dominó tan vibrante, Tiene en Abraham un perito, Y la risa de Finito Se oye fuerte y taladrante. Giordano, de buen talante, También arrima lo suyo, Y el ex de todo que es Yuyo Solo piensa en manejar Astur trabaja…en pensar Cualquier nueva felonía, Y mientras Juan desconfía… ¡Pero al fin le va a gustar!
Robaldi, sin concesiones, Se brinda, jugando entero, Martínez el billetero Hace mil comparaciones; Piensa en nuevas promociones De Coca- Cola Delfino; El Calavera en su vino, Atilio, en el sur lejano, y Belén, Hugo y Pedano Se van abriendo camino
Y la familia Giuliano Concurre al sucucho en pleno; Con Pretti, el bar está lleno Por su enorme cuerpo humano. Y está Hugo, el rey gitano, Pensando en automotores, Y también en voladores, De esos que da a cada paso, Mientras Coco Di Tomaso Carga chicos y mayores.
Pueblas fuma de costado, Mientras que Osvaldo Bessone Conversa a los tropezones Con lenguaje censurado, Yanarella ya ha ingresado Con ciencia veterinaria (Por si a alguien le es necesaria) Y así en tono bochinchero, ¡Cosecha su buena diaria!
Guillermo, con su cuñado, Vienen juntos por decreto; Bullicioso el Gallereto Molesta por cualquier lado. Seijo escucha y es callado, Se destaca Villola, Grossi su voz enarbola, Aumenta la confusión, Y Juan agarra un sifón… ¡Y se acaba la batahola!
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Vende casas y él… ni alquila, Blasco, el yerno de Maglione, Y Bocha y Piqui Giannone Miran de Persi, la pila, Su lápiz Cantú afila. Giaco piensa en un asado, Pero vuelve como bala, Colela y los dos Abdala Ya de ha poquito han entrado.
González, es escribano, Labra sus actas legales, El picapleitos Canale También le arrima una mano. Chacabuco, con desgano, Tranquilo se desparrama, Y el califio Valderrama Elegancia en el bar puso, Cinnadaio se compuso Porque encontró el rastrojero, Y está el inefable Cuero Luis María Sala y Russo.
Y Capriccio, el constructor La palpita de callado, Casi siempre recostado De espaldas al mostrador. Y Chotro, el conversador, Busca alguno que lo aguante, Jorge Ortiz lo más campante Va observando el panorama, Y Carballo se inflama Con su sonrisa expectante.
Dardo, con gesto señudo, A penas si da un resulto, Y tiene adornado el cuello Con un pañuelo, pachudo Mirando tampoco es mudo, Martirena, el valuador, Angeleri, el aviador, Tulio Mazzeo, el joyero, Y Martínez, el raviolero, La goza de lo mejor.
También viene el alemán, Y Guido- no el presidente- Tato Sala y mucha gente Que ni se si entrarán. Los Di Santo también van, Y Thea llega también, Y entre tanto vete y ven, Con Mario voy enancado, Y pagándole al contado Nos atiende pronto y bien.
Aquí que nadie se aflija, Ni Perrone, el gran colega De Juan, que esta noche llega Sin que nadie se lo exija. Y Negri con su valija Que no larga ni un momento, Tendrá un secreto instrumento Para cuidarlo en tal forma, Y Tati Costa al momento De pie le dice la horma.
Quien pudiera penetrar Los secretos del cuaderno Donde Juan con gesto tierno Se complace en anotar. Matemático ejemplar, Por más que el tiempo lo apriete Mete el lápiz como ariete, Piensa, se rasca el pescuezo, Tres cafés por cinco pesos Y te anota diecisiete!
Digo al final, muy profundo, Con voz que no disimulo Como el bar de Cucurulo No habrá jamás en el mundo. Y en el olimpo me hundo Para no inspirarme mal, ¡Oh locometro inmortal; Te rindo mi pleitesía, Transformada en la poesía De este poema infernal!
08-08-1962. Herberto Pigazzi.
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